Quiero compartir de manera suelta y casi informal algunas enseñanzas de nuestro Fundador, recogidas a su lado. Él no sólo llevaba el título de Gran Maestro, él era un gran maestro en todo momento y su voluntad permanente era la de enseñar y trasmitir a sus discípulos la sabiduría que él había heredado o constituido en su propio ser. El Gral. Choi nos repetía que la mejor manera de garantizar la continuidad de su Obra era infundiendo el espíritu del Taekwon-Do en sus discípulos alrededor del mundo, pues estos serían en el tiempo la garantía de que el conocimiento, la técnica y la filosofía originales de su arte, fueran difundidos hacia las generaciones futuras. El General Choi, como Maestro, estaba en exposición constante. Medía y forzaba cada uno de sus actos, cada palabra, cada gesto, cada acción, con una voluntad permanente de enseñanza, de amor a sus discípulos y a su arte. Comparto con ustedes entonces el agua proveniente de esa "Gran Montaña Fuente", conocida bajo la sombra del Gran Árbol, que supo nutrirse a las orillas del caudaloso río y que dedicó su vida a verterlo permanentemente sobre todos nosotros, en su afán de fertilizar las áridas tierras que aún amenazan a nuestra humanidad:
"Respetar al Rey, al Padre y al Maestro por igual" Gral. Choi Hong Hi "Enseño, también cuando los demás piensan que no enseño. Observo, lo que los demás ven que no miro. Dejo pasar lo que los demás creen que no percaté. Me apiado de aquel al que reprimo por inconducta. Dejo la puerta abierta a quien invité a salir. Procuro ser un espejo para quien se para frente a mí. Les enseño la lealtad para que sus alumnos les sean leales. El amor se los enseño con los hechos, para que sus hechos sean llenos de amor. Escondo mi dolor para que ustedes atiendan el suyo propio y el de sus estudiantes. El Instructor leal que enseña a sus estudiantes a amar a su propio Maestro a través de sí, logra el amor y la lealtad de sus estudiantes y la lealtad y el amor para sí de los estudiantes de sus estudiantes. El que rompe la cadena no construye futuro. Todo en la vida permanece por la circulación del recibir-dar. No vivimos si no inhalamos y exhalamos. No hay Instructor, si no recibe de su Maestro y da a su estudiante. El agua de un estanque se agota con su uso, el agua del rió que viene de la Gran Montaña es permanente y termina convirtiéndose en el gran océano. El que almacena gran cantidad y se siente con ello grande, con cada gota que brinde o consuma se va haciendo más pequeño si renunció a su fuente original, aunque su arrogancia no le deje ver que su muerte es cuestión de tiempo. El Instructor humilde no construye un gran y arrogante estanque de sí mismo, en su humildad y lealtad, almacena sólo lo necesario y exalta y hace suya a la fuente de la Gran Montaña, que nos viene de río arriba y dejamos fluir río abajo. Cuando seas joven pídele a tu Maestro que te enseñe a explotar tu cuerpo. Cuando seas adulto, pídele a tu Maestro la manera de explotar la técnica. Cuando seas mayor y hayas madurado en tu cuerpo y tu técnica, pídele a tu Maestro que te enseñe a explotar el espíritu, pues sólo esos tres poderes juntos hacen el Gran Poder del Arte Marcial y es éste el objetivo para el cual nacemos: el desarrollo de Cuerpo, Mente y Espíritu. Alimenta tu cuerpo con el mejor alimento, tu mente con los conceptos más elevados y tu espíritu con la práctica constante de la Virtud. La clave del poder de la técnica, reside en la comprensión y desarrollo de estas tres dualidades: masa x velocidad; concepto x actitud; virtud x energía. La masa debe dominar el tiempo, el tiempo debe dominar el espacio, el espacio debe dominar la energía, la energía debe dominar el espíritu, el espíritu debe dominar al hombre, el hombre debe dominarse a sí mismo. Sólo la ingenuidad y la ignorancia del niño deben de ir disminuyendo en el hombre que madura, pero su sencillez y humildad deben de irse incrementando. El éxito del combate reside en: el dominio de sí mismo; el conocimiento y manejo del escenario; el conocimiento del oponente; el control del ritmo y tiempo; la capacidad de respuesta técnica adecuada. El Ki es la Energía Universal. Es la fuente de la vida y su disminución, la razón de la enfermedad y muerte. El hombre se nutre del Ki de diferentes fuentes o ki menores: los alimentos (tierra); la respiración (aire); los líquidos (agua); los rayos solares (fuego); los pensamientos-emociones (mente); las virtudes (alma); la fusión síntesis de los ki menores (el Espíritu o Ki Universal). La ondulación y la frecuencia son conceptos que caracterizan a todo movimiento o energía y sus variables hacen que este sea más veloz o más lento, más poderoso o más débil; mortífero o curativo; de utilidad o perturbador; agradable o desastroso. El movimiento ondulante no podría estar ausente en el Taekwon-Do Original y hacer de éste, el Arte Marcial más poderoso."
Los dejo queridos estudiantes con estos pocos pensamientos. Procuren meditar sobre ellos y nutrirse del espíritu del Taekwon-Do. Su persistencia e integración en ellos, los hará grandes, dignos difusores del Taekwon-Do Original para las generaciones futuras, siendo responsables de mantener firme y sólida la cadena de esperanza, la cadena del Do, que nuestro Fundador empezó. Será el mejor tributo en su honor. Lo conectado continuará, lo roto y quebrado terminará. El diamante no perderá su valor y brillo, aun esté opacado por el fango alrededor. ¡Taekwon!